Efímeros Pensamientos

Toda mi vida mis amistades casi siempre han sido mayores que yo. Por lo general, suelo ser la pequeña del grupo y eso me ha ganado algunos apodos bastantes curiosos. Apodos como “nena” o simplemente “peque”. Pero nunca me han molestado, siempre he sabido que lo dicen por cariño y eso me hace sentir integrada y parte de “algo”.

La razón de que esto sea así, es que nunca me sentí identificada con las personas de mi edad. No es que no me llevara bien con ellos, por el contrario, es solo que nunca sentí que tenía temas de conversación o intereses en común. Por ejemplo, con mis compañeros de la Universidad más allá de temas relacionados con la carrera, no hablaba de nada más. Ellos vivían como en una especie de burbuja y rara vez veían más allá de su mundo. No digo que eso esté mal,  cada quien es como es. Pero a mí eso me frustraba, porque me sentía a diario como pez fuera del agua. Y quien me conoce sabe que me gusta conversar y mucho. Si miro una noticia de mi interés la quiero comentar. Si leo un tema polémico lo quiero debatir con alguien, si veo una película o una serie, quiero hablar de ella por horas y buscarle teorías o predicciones extrañas. Puedo obsesionarme con un tema por horas o por días.

Al cabo de un tiempo dejé de darle importancia y cuando no encontraba a nadie con quien hablar, simplemente prefería quedarme callada. Hacia como una especie de voto de silencio por horas, como los Monjes Tibetanos. Eso fue así por unas cuantas temporadas, hasta que decidí cambiar un poco mi actitud; hoy en día aun me cuesta y es algo en lo que trabajo.  Todavía hago de vez en cuando lo del voto de silencio, pero es cuando me ocurre justo lo contrario; hablo o expreso tanto que me saturo a mí misma. Hay que buscar el equilibrio.

Pero a veces la vida es curiosa y da muchas vueltas. A veces te topas con personas que buscan lo mismo que tú pero al revés. Me explico: resulta, que hay personas mayores que buscan amistades en personas menores y no, no necesariamente por razones sexuales, sino más bien porque necesitan urgentemente un bocado de aire fresco en sus vidas. Y aunque cueste creerlo, pasa más seguido de lo que muchos creen y voy a explicar por qué.

Una vez tuve un amigo bastante mayor que yo. Conversábamos acerca de todo y era una persona con la que me sentía muy cómoda. Aprendí mucho de él, pero realmente MUCHO. De hecho, fue él quien me mostró al que es actualmente mi escritor favorito. “Léete a Haruki Murakami” me dijo una vez, luego de haberle pedido que me recomendara algo que leer. “Tú pareces un personaje sacado de un libro de Murakami, sé que te va a encantar” concluyó y luego me sonrió con amabilidad.

De él aprendí unas cuantas lecciones cada vez que venía a Venezuela. Ya que hubo un tiempo en que vivió en Barcelona, España. Actualmente vive en Boston y trabaja como investigador en Harvard. Así es Mauricio (vamos a llamarle así), un ciudadano del mundo. Mauricio no es de esas personas que se establecen y se quedan en un lugar fijo y por lo general, aparecen y desaparecen de tu vida por temporadas.

Una vez en una de sus visitas a Venezuela, fuimos a un café a conversar. Pasamos varias horas hablando de todo un poco. Se nos fue el tiempo entre risas hablando de política, filosofía, cine y sueños o planes a futuro.

Pero hasta el día de hoy, recuerdo en particular una conversación muy corta que tuvimos aquella tarde de sábado.

—Me encanta que seas tan espontánea y abierta. Es algo que valoro muchísimo—dijo mientras le daba un sorbo a su taza de café.
— ¿Por qué lo dices? —pregunté curiosa

—Digamos que tienes ese “algo” que muchas veces se va perdiendo en el camino.
— ¿A qué te refieres con ese ‘algo’?

—No sé cómo explicarlo—contestó suspirando—. Supongo que la mayoría de las personas de mi edad ya se han rendido.

Reflexioné en silencio unos segundos acerca de sus palabras. Cuando me dispuse a responderle, en seguida cambió de tema con una mirada triste en el rostro. Y así, la tarde transcurrió entre palabras mas, palabras menos y la copa de los arboles meciéndose al ritmo de una suave brisa; a lo lejos, los primeros rayos color naranja se divisaban, en una tarde que se hacía noche.

Reflexión Sobre los Cambios

Hace unos días una vieja amiga me escribió por el chat de Facebook para felicitarme sobre mi nuevo blog. “¡Cuanto has progresado!” me comentó. Yo le di las gracias y me sentí bastante halagada. Justo antes de despedirse me dijo: “Mira lo que encontré” y me pasó un link. No sabía de qué se trataba y al abrirlo allí estaba, sacado del baúl de los recuerdos de Internet: uno de mis primeros blogs.

Oh no.

Ahora bien, mi memoria es como la de Dory: almacena lo que le apetezca. Lo que no, pues nunca lo hará, a menos que le des un corrientazo; no hay que buscarle mucha explicación. Así que estaba asustada, porque no recordaba nada sobre lo que allí había plasmado hace tantos años. Supuse que si este (Ciudades de Letras) era mi cuarto blog, aquel debió haber sido el segundo y calculo que lo comencé a escribir cuando tenía alrededor de 17 años y todavía veía Animé.

Así que me llené de valor, empecé a explorar y comencé a leer a la Maria Alejandra de entre 17 y 19 años. Tampoco es que han pasado siglos, pero aquí entre nos, a veces me siento una vieja prematura.

Lo primero que noté fue que el blog era bastante rosado para mis gustos actuales. Lo segundo que hice fue comenzar a buscar errores ortográficos porque así soy yo de necia. La buena noticia es que casi no encontré ninguno ¡Uf, que alivio! La mala noticia es que hallé bastantes errores gramaticales ¡Qué horror!

A medida que me leía, las sonrisas invadían mi rostro y recordaba cosas. Poco a poco la memoria de pez fue desapareciendo y le dio paso a recuerdos, como flashes de películas, uno tras otro. Seguí en eso un rato hasta que me topé con un escrito que hizo que se me aguaran los ojos y se me hiciera un nudo en el estómago. Estaba sensible porque había tenido unos días muy difíciles y estaba un poco apagada. Para completar, estaba sonando en Spotify: “When It’s Cold I’d Like To Die”, del Soundtrack de “Stranger Things”. Así que si, El Universo confabuló en mí contra esa noche y me pasé de sentimental, lo confieso.

El texto era Sobre los Cambios y aquí lo adjunto:

Publicado el 29 de Enero de 2013.

“El amor siempre es algo que esperamos. Nos imaginamos ese primer beso, el primer encuentro íntimo, el primer “Te Amo”. Pero nunca estamos preparados para un corazón roto. Quizá, porque es demasiado doloroso si quiera imaginarlo, pero en cierto modo el dolor del amor es lo que realmente nos cambia. Es la pérdida del amor o los fracasos lo que nos hacen ser lo que somos: la pérdida de un amigo, de un amante, de quien pensabas que podrías ser, de tu inocencia… Mucho de esto y otras cosas se perderán en el camino hacia la adultez y hacia el futuro en sí mismo. La vida se va haciendo más complicada y problemática en todos los sentidos y ámbitos que puedas imaginar; Pero también está llena de promesas y sobre todo la posibilidad de abrir nuestro corazón a nuevos comienzos, nuevos sueños y nuevos lugares. Y cuando finalmente nos encontramos a nosotros mismos, lo que queremos ser y en donde queremos estar, es simplemente maravilloso. Pero supongo que mientras tanto, el camino hacia ello es emocionante: nos caemos, nos levantamos, nos caemos de nuevo y a  veces sentiremos el mundo a nuestros pies, como a veces lo sentiremos en nuestros hombros. No importa, todo eso es parte del paquete. Lo realmente valioso es aceptarlo, aprender, seguir adelante y no dejar que te afecte (o por lo menos no para siempre, nadie es de piedra). Pero sobre todas las cosas, lo más importante es no permitir que nuestras viejas heridas o fantasmas nos atormenten. Empezar de nuevo es terrorífico, ya que le tenemos miedo a lo desconocido y al dolor de volver a fracasar o a equivocarnos. Aceptémoslo, como seres humanos obviamente estamos más a gusto con lo que ya conocemos. Pero los cambios son una bocanada de aire fresco, nos dan esperanza, nos mantienen jóvenes y nos dan las posibilidades de volver a intentarlo y esta vez hacerlo bien. Sonreírles con las puertas abiertas es madurar, esquivarlos y cerrarnos nos quitaran los mejores años y experiencias de nuestra vida”.

Al leer mis propias palabras de hace algunos años, no pude evitar pensar en las palabras de Mauricio y la expresión en su rostro. No pude evitar pensar que esa misma expresión la he visto últimamente al verme en el espejo. Y me pregunto si en todo el proceso del cambio he perdido ese “algo” que parece que la mayoría pierde. Ese “algo” es una combinación entre inocencia, optimismo, pasión e incluso luz. Al leerme a mí misma en ese texto, observé todas esas cualidades a través de mis efímeros pensamientos. He madurado, me he vuelto más responsable y ya no soy tan impulsiva. Pero también me he vuelto un poco cínica con la vida, más dura e incluso a veces pesimista debido a malas experiencias. No me he rendido, pero lo he pensado en momentos de debilidad. Soy muy joven y tengo mis sueños intactos, pero ya no soy tan espontánea como antes.

Concluí que a pesar de que los cambios son elementales para una vida exitosa, todo tiene un costo. Nada es gratis. Para ganar algo, debemos sacrificar otras cosas. Pero lo realmente importante es que a pesar de las adversidades y de lo dura que puede ser la vida, nunca pierdas por completo tu esencia, lo que te hace especial y único; lo que te hace ser quien eres.

El resto es inevitable…

Como dice mi escritor favorito:

“A lo largo de nuestra vida vamos descubriendo poco a poco nuestro verdadero yo; y, a medida que lo descubrimos, perdemos parte de nosotros mismos”.

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4 comentarios

  1. Al leer esto… Recordé que tengo un blog, y dejé de escribir allí para integrarme completamente a mi carrera universitaria. Lo increíble de todo, es que soy casi un Ingeniero que tiene algo que no puede permitir que se pierda… Escribir los sentimientos.

    Gracias por este relato.

  2. Tengo la impresión, que el nivel de vida que has logrado en BsAires viene dado en mayor parte cortesía del trabajo de tu novio, estoy en lo correcto?

    Si hubieras llegado sóla a la ciudad a valerte por tu propia cuenta te seguiría pareciendo la ciudad tan linda?

    1. Hola, un saludo.

      Las cosas que hemos conseguido mi pareja y yo, lo hemos hecho los dos, trabajando juntos porque somos un equipo. No tenemos ningún nivel de vida acá, ni vivimos en una mansión de 8 millones.

      Lamento que dejes esta clase de comentarios, mientras tu lo haces, nosotros nos esforzamoz en tener lo que tenemos, cada día. Un abrazo y suerte, la necesitarás…

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