El dia que pasé mi cumpleaños sola en una playa desconocida

Se que el título suena deprimente, pero no. De hecho, es uno de los mejores recuerdos que tengo y quería compartir esta pequeña historia con ustedes porque bueno, a veces me da por escribir de forma aleatoria experiencias y anécdotas.


Ocurrió en el verano de 2015, el más caluroso que recuerdo. Los noticieros no paraban de hablar que era el año más caliente que España experimentaba en mucho tiempo. Habían días en que la sensación térmica podía llegar a 42°C fácilmente y eso sumado a la intensa humedad hacía que hasta el más rudo se desmayara en la acera. Los días eran largos y con cielos perfectamente azules hasta las 9 de la noche.

En ese momento me encontraba en un pequeño pueblo al este de Alicante llamado Elche. Recuerdo que cuando bajé del autobús que me había llevado desde Madrid, lo primero que vi fueron miles de palmeras por todas partes y edificios pequeños con una arquitectura colorida de piedra desgastada por el paso de los años. Era precioso, como estar atrapado en un lugar donde el tiempo transcurre lentamente y empiezas a comprender mejor el valor del silencio.

Para aquel momento, unos tíos me recibieron porque mi situación en España no estaba marchando del todo bien y los meses siguientes solo empeoraron, pero esa es otra historia. Así que en líneas generales, aunque intentaba siempre tener una sonrisa, me sentía bastante desmoralizada y preocupada, además de estar lidiando con el hecho de tener a todos lejos.

Sabía que la llegada de mi cumpleaños que estaba cerca iba a empeorar mi estado de ánimo. No es que no me gusten los cumpleaños, en realidad me dan un poco igual pero siempre he pensado que tengo una especie de maldición en la que siempre pasa algo malo en el mío (ajeno a mi): problemas familiares, peleas de terceros en las que resultó involucrada, etc. Por ejemplo, todas las chicas tienen un recuerdo bellísimo de sus quince años… El mío fue patético y es algo que prefiero ni recordar.

Pero bueno, ese 8 de agosto me levanté temprano y lo primero que hice fue revisar mi teléfono y ver los mensajes que me habían dejado en el WhatsApp o en Facebook. Recibí algunas llamadas desde Venezuela por Skype, lo normal. Me levanté de la cama y saludé a mis tíos que me dieron un abrazo pero debían trabajar hasta la noche.

Me tumbé en el sofá y por alguna razón comencé a llorar, pero llorar de verdad. Todo estaba yendo muy mal en ese momento y estaba nadando entre un mar de sentimientos confusos y pensamientos negativos. Cuando logré calmarme me miré al espejo y no me gustó lo que vi. Recuerdo haber pensado que no podía pasar mi cumpleaños tan deprimida, que estaba en uno de los países más hermosos del mundo y que al menos saldría de la casa a ver qué hacía. Decidí que iría a la playa porque tenía meses sin ir ya que en Madrid donde vivía, bueno, no hace falta explicarlo.

Empaqué una toalla, ropa de cambio, traje de baño, protector solar y 15 euros. El presupuesto estaba reducido. Mi teléfono estaba cargado así que estaba bien y me fui. Caminé hasta la estación de autobuses pero antes pasé por un chino y compré snacks y un Red Bull para que me diera alas.
Cuando llegué le pregunté a un señor que era guía cuál autobús podía tomar hasta la playa

—¿Cual playa?
—No sé, ¿cuál me recomienda?
—Pues, ese autobús va partiendo a Santa Pola—señaló con el dedo a una fila de personas embarcando—Está guay para pasar el rato.

Le di las gracias, pague los 5€ que costaba el boleto hasta allá y me embarqué en mi aventura. No tenía idea de hacía donde iba pero me daba igual. Me coloqué mis audífonos, puse una canción de Alanis Morissette y sólo miré la ruta por la ventana. El día estaba precioso.

Llegamos en poco más de media hora.

Me bajé del autobús y sentí ese olor a sal tan maravilloso que te hace respirar hondo y mirar al sol sintiéndote vivo. Caminé un rato y contemple el mar, los restaurantes, los niños jugando, las personas en bicicleta paseando por el boulevard. Me conmovió ver todo eso porque soy una persona sensible a la belleza, no puedo evitarlo, me conmueven fácilmente las cosas hermosas de la vida.

Me cambié en un baño y luego escogí un lugar en la playa muy cerca de la orilla. Extendí la toalla, saqué mi comida chatarra, cerré los ojos y me eché en la arena. No quería pensar en nada ni en nadie, el pasado y el futuro no existían, solo existía ese momento y por primera vez en mucho tiempo, me sentí feliz y agradecida. ¿De qué? No lo sé. De estar viva, de encontrarme a mí misma en algún lugar del Mar Mediterráneo sin rumbo fijo.

Compré un tinto de verano y luego decidí meterme al agua pero como estaba sola y soy venezolana no puedo simplemente irme y dejar las cosas allí, porque mis antenitas de vinil siempre están activas. Siempre. Así que le pedí a una chica joven de mi edad que estaba cerca de mi y a la que parecía ser su madre si podían por favor “cuidarme” mis cosas mientras me echaba una nadada. Ellas aceptaron con una sonrisa y al agua pato. Recuerdo que estaba tibia y bastante agradable. Una chica rubia que estaba un poco ebria se me acercó a hablar y me contó que estaba buscando fiesta y que si yo estaba allí por lo mismo, le respondí que no realmente. Me dijo que esa noche si o si iba a ligar y yo solo pensé que qué liberales eran las personas en España, porque además de eso casi todas las mujeres que estaban allí andaban en topless y lo mejor es que nadie las molestaba. Sonará raro pero me sentí segura.

Cuando regresé a la arena, me miré las chichis y pensé en si hacer lo mismo porque estaban faltas de sol y libertad pero al final no lo hice porque para mi, que era la primera vez que había salido de mi país, completamente sola, era todo un gran choque cultural. Un paso a la vez, pensé.

La chica de mi edad que estaba con su madre empezaron a entablar conversación conmigo luego de preguntar de donde era mi acento. Eran de Asturias y estaban allí de vacaciones. También se estaban quedando en Elche. En poco tiempo cogimos confianza y pasamos toda la tarde conversando sobre Venezuela, sobre España y miles de cosas. No les comenté que era mi cumpleaños porque no quería responder a preguntas incómodas o que me tuviesen “lástima” por estar allí sola ese día, detesto eso. Solo dejé que todo fluyera. Incluso compartimos la comida que habíamos llevado ese día. Yo la estaba pasando muy bien.

Cuando se hicieron las 6 de la tarde, me ofrecieron regresar al pueblo en autobús juntas y les dije que si. No sé por qué en algún momento pensé que estar con ellas se sentía como estar con una una madre y una hermana pero después de todo no la pasé sola y fue un muy buen dia.

Intercambiamos números y luego de eso, volví a ver a Natalia (así se llamaba) en varias ocasiones de nuevo. Incluso conocí a su novio y fuimos nuevamente a la playa en coche y a un par de fiestas de verano. También les cociné arepas y les gustaron pero no recuerdo por qué no supe nada de ellos de nuevo luego de que regresaran a Asturias. Creo que las amistades o los amores de verano son como estrellas fugaces: un breve momento de luz en el cielo que luego desaparece para seguir su camino.

Al regresar a casa, decidí también que aun no quería que acabara el día, por lo que compré una torta en el Mercadona e ingredientes para hacer hamburguesas.

Esa noche me acosté tranquila sabiendo que a veces solo se necesita un cambio de actitud, solo eso para poder al menos tener momentos de calidad en la vida. Basta con sacudir los pensamientos negativos e intentar ver el lado bueno de las cosas, de valorar los detalles que nos regala el día a día.

Luego de eso, regresé a Madrid y mi situación en España no mejoró, como dije, esa es otra historia. Pero los momentos que viví nadie me los puede quitar y están grabados en mi memoria para siempre. Las personas que conocí, los lugares que visité, la comida, las conversaciones que tuve… Creo que ha sido el mejor cumpleaños que he tenido y ojalá algún día pueda volver a esa playa a intentar encontrarme como esa vez. Ver donde estaba, donde estoy y donde estaré.

Y bueno, esa es la historia. No hay mucho más que contar y no sé porque quise hacerlo pero es sábado por la noche y no puedo dormir.

Ya me conocen

Un abrazo.

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4 comentarios

  1. Realmente una buena y bonita historia… Que pasemos malos momentos no quiere decir que no existan los buenos y esta historia lo certifica. 🤗

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