La dignidad vale Bs. 6

Hace un tiempo, mi novio me mostró en Facebook un video bastante interesante que me hizo reflexionar y cambiar mi perspectiva acerca de muchas cosas. En él, un militar estadounidense llamado William McRaven, Almirante de los Navy SEALS, explicaba por qué hacer la cama todos los días era vital para tener una vida exitosa y organizada. En palabras propias del Almirante McRaven cito:

Hacer la cama todas las mañanas supone completar con éxito la primera tarea del día. Ese gesto tan sencillo os dará una pequeña razón para sentiros orgullosos, y afrontar la siguiente tarea del día, y la siguiente…

Al final del día, esa primera pequeña tarea se habrá convertido en muchas tareas completadas. Hacer la cama también es una forma de recordar la importancia que tienen los pequeños detalles en la vida. Si no sois capaces de hacer bien las pequeñas cosas, tampoco seréis capaces de hacer bien las grandes. Por otra parte, si vuestro día ha sido horrible, al menos, cuando volváis a la cama, la encontraréis hecha con la promesa de que mañana será mejor. Si queréis cambiar el mundo, empezad haciendo la cama”.

Luego de ver el discurso, mi novio y yo nos miramos un par de segundos y enseguida fuimos a hacer la cama que estaba hecha un lío. La última parte suena un poco exagerada y realmente no hay estudios científicos que avalen esta teoría, pero tampoco se niega que tiene mucho sentido. Parecerá una tontería, pero si no somos capaces de lidiar con las tareas más simples del día a día ¿seremos capaces de lidiar con aquellos retos más complejos?

Esas palabras aun retumban en mi mente e intento recordarlas cada vez que no hago la cama o dejo la ropa sucia tirada en el piso del baño. No los voy a engañar, si pudiese desearme algo a mí misma sería orden. El orden es elemental para una vida exitosa, sin él, seria un caos. Si deseas cambiar tu vida, comienza siempre con el orden.

Las Injusticias

Hace dos día encontré otro vídeo bastante peculiar en Facebook, de la misma forma en que mi novio encontró el del Almirante McRaven: simple casualidad.

Eran las 2 a.m y no podía dormir, comencé a vagar por mi muro y vi que alguien había compartido un vídeo bastante indignado sobre un chico que denunciaba que lo habían maltratado en un transporte público en Caracas. Normal, pensé, a todos no ha pasado y anécdotas desagradables sobran.

Procedí a ver lo que había escrito el chico, para entrar en contexto con el vídeo y entender que había pasado ya que solo grabó una parte de lo acontecido.

En resumen, lo que ocurrió fue lo siguiente: el chico se montó con su hermana en un MetroBus de Caracas, el chófer lo dejó pasar a él, pero a ella no, porque “según“, el ticket que ella traía no servía (si servía). Nuestro amigo amablemente intentó explicar que estaba equivocado, sin embargo, el chófer enseguida se puso altanero, grosero y sin siquiera intentar mediar, le rompió el ticket en la cara a la chica. El chófer les dijo con mal tono: son Bs. 6. Los hermanos en cuestión, indignados, se sentaron en el autobús y exigieron una disculpa. Lo que se ve a continuación es una serie de intercambios de palabras entre nuestro amigo y el chófer (siempre altanero). El conductor les pide que se bajen del autobús,  los hermanos dicen que no se van a bajar y que por favor les devuelva el ticket roto. El problema se intensifica cuando los demás pasajeros intervienen, pero no a favor de la injusticia cometida contra los chicos, porque para molestia de ellos, estaban retrasando el autobús. En vez de defenderlos o exigir el respeto de un funcionario público, unos ignoraron la situación, otros se burlaron y  otros abuchearon a los hermanos. Ella comentó que lo dejara así y se bajó, nuestro amigo dejó los Bs. 6 en el suelo. Pero no fue suficiente el maltrato, la indiferencia de los demás, el abucheo o las mentadas de madre (les dijeron hasta pichirres) no, el chófer le tiró por la espalda los Bs. 6 a nuestro amigo.

Al final, se oye a la hermana llorar y decir “que bolas, hasta cuándo”. A lo lejos se ve él, bajándose de la unidad, con la mirada baja y resignado.

A este punto del vídeo no siento indignación o rabia…siento que me han roto el corazón.

En Venezuela la dignidad si tiene precio

Luego de ver todo eso, apagué la computadora y el teléfono pero no podía dormir aun más. Miraba al techo y reflexionaba. Lo que dolió no fue la actitud del conductor: fue la indiferencia de los ciudadanos.

Como dice nuestro amigo en su post en Facebook: “Piensan que todo el lío es por 6 bolívares porque lo único en lo que piensan es en dinero, no en los derechos ni en lo que es correcto”. Yo le sumaría a eso los valores.

Todos hemos pasado por una situación similar o mucho peor en este país, con consecuencias más serias que sólo el sabor amargo de un mal rato. Esta anécdota parecerá una tontería. Dirán algunos que en Venezuela hay problemas más serios, otros que todo fue un show, pero resulta que ocurre lo mismo que con la anécdota de hacer la cama: Si no somos capaces de defendernos (y defender a otros) ante las pequeñas injusticias del día a día, tampoco seremos capaces de hacerlo ante las grandes; las que sí tienen consecuencias dolorosas, tangibles, monetarias e incluso humanas.

Y es exactamente lo que ha ocurrido en los últimos 17 años. Todo se resume a eso. Dejamos pasar las pequeñas injusticias, miramos a otro lado, nos burlamos, insultamos y nos creímos inmunes: ahora las injusticias conviven con nosotros a diario, comparten nuestra mesa, se pasean por nuestro hogar y viven en las calles, acechándonos. Son las verdaderas Misses de Venezuela.

Hoy nos rompen el ticket del metro en la cara, mañana nos insultan en algún ministerio y pasado mañana un militar nos maltrata en la cola por un pollo. En un par de  meses te dirán que solo puedes comer una vez al día y cuando salgas a exigir tus derechos te reprimirán. Como dije anteriormente: historias sobran. Y ante todas estas pequeñas, medianas o grandes injusticias, miraremos a otro lado. Leeremos los horribles titulares en los periódicos y luego pasaremos la página a la sección de deportes.

Nuestro amigo y su hermana pudieron pagar el precio del ticket, sentarse y resignarse en voz baja. Pero se fueron con su dignidad, algo que no tiene precio. La de los pasajeros si la tiene: 6 bolívares.

En parte es miedo, en parte es ignorancia. Pero el verdadero problema es que nos han mermado la moral  y los valores. Si no recuperamos eso, nuestro país está destinado a ser miserable y fracasado. No importa que lideres vengan, porque a un país no lo hace su Gobierno, sus paisajes naturales o su gastronomía… lo hace las personas que habitan en él.

Al día de hoy el daño está más que hecho y el futuro se divisa oscuro. Pero siempre nos queda la esperanza de intentar ser mejores ciudadanos y transmitir el mensaje: si queremos cambiar el mundo, podemos comenzar haciendo la cama y combatiendo las pequeñas injusticias.

Por ahora, miro a mi alrededor con decepción y tristeza. No sé qué está más devaluado en Venezuela: si la moneda, los valores o la moral…

Nota: si quieres ver el post del autobús aquí está en link: https://www.facebook.com/Dibversion/videos/1436915582992049/

Su pagina es: https://www.facebook.com/Dibversion

Si has vivido algo parecido, comparte tu experiencia en la sección de comentarios.

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1 comentario

  1. No suelo dejar comentarios en blogs, pero en esta ocasión lo haré porque quiero agradecerte este escrito, de hecho quiero usarlo en sesiones de crecimiento con adolescentes y adultos jóvenes, trabajo que hago como voluntario los fines de semana.
    Te deseo éxito y sabiduría en tu nueva vida en Buenos Aires.
    Saludos.

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