Story Time: Gerardo y el Chanel N°5

El Galán:

A Gerardo lo conocí como en una comedia romántica: en un lunch-café.

Se encontraba dos personas delante de mí en la fila para pagar. Desde que lo vi no pude apartar la mirada de él; era moreno, elegante, llevaba corbata y unos lentes oscuros que lo hacían lucir realmente atractivo. Recuerdo que le mandé un WhatsApp a mi mejor amigo gay diciendo: “tengo al amor de mi vida enfrente y ha ordenado una ensalada”.

Luego de pagar, retiró su bandeja y se sentó con bastante porte. De pronto sentí que alguien me miraba y cuando observé de reojo me di cuenta que era él. Al llegar mi turno para retirar mi comida, me fijé que todas las mesas (tanto las de afuera como las de adentro) estaban ocupadas; rápidamente entré en pánico. Pronto me encontraba de pie, sujetando la bandeja de mi almuerzo (nada dietético) con cara de perdida, como si estuviese en la cafetería de la secundaria y nadie quisiera sentarse conmigo. Pasados unos interminables segundos, G me hizo una seña y me dijo con una sonrisa muy amable: “si quieres te puedes sentar aquí”. Me sonrojé pero comencé a dar brinquitos por dentro. Le di las gracias y me senté; enseguida nos presentamos, empezamos a conversar y todo fluyó de forma muy espontanea. Me hacía preguntas y yo las respondía intentado no hablar con la boca llena o ensuciarme la camisa de espagueti. Luego de terminar nuestro almuerzo, me preguntó: ¿te gustan los dulces? Yo le respondí que sí. Se levantó de la mesa y a los dos minutos regresó con dos pedazos de pastel de chocolate: era definitivo, este hombre quería conquistarme con comida y lo estaba logrando. Después me ofreció tomarnos un café en la panadería de al lado, en donde estuvimos conversando otra media hora hasta que tuve que notificarle que ya me tenía que marchar. Le di las gracias por todo y cuando estaba a punto de despedirme, me interrumpió y me dijo: ¿no te vas a ir sin darme tu número telefónico, verdad? Yo le respondí: “no lo sé, tal vez seas un asesino en serie”. Lo dije para verme segura y digna, pero en el fondo pensaba que si no me lo pedía él, se lo iba a pedir yo. Al final le di mi número y nos despedimos. Cuando cada quien iba por su camino, nos volteamos al mismo tiempo y nos miramos el uno al otro como en la película “Meet Joe Black” en la escena inicial, justo antes de que atropellen a Brad Pitt. Quince minutos más tarde, mientras iba caminando recibí un WhatsApp suyo diciendo: “Me encantaste” junto con un emoticón. Después de eso, salimos durante dos meses.

El perfume:

Durante un mes me obsesioné con el Chanel N° 5.

Soy un poco obsesiva y me encanta la moda, así que veía los comerciales una y otra vez: Desde Nicole Kidman huyendo de los paparazzi en pleno Times Square hasta Gisele Bündchen surfeando olas y buscando a su verdadero amor por toda Nueva York. Imaginaba que me aplicaba el perfume y llegaba mi galán a decirme al oído: “You’re The One That I Want”. Cada vez que pasaban el anuncio en la Tv se me erizaba la piel. “Quiero ser así, quiero ser una mujer poderosa”, me decía a mí misma.

Como mi papá me debía mi regalo de cumpleaños, le pedí que me lo obsequiara y él aceptó. Yo estaba emocionada. Y finalmente llegó el día esperado.

Mi padre y yo fuimos al centro comercial directo a la perfumería. Entramos y la dependienta me mostró el frasco ¡Allí estaba! ¡Que elegancia! ¡Que clásico! Lo sujeté con mis manos, quité la tapa y lo olí…Mmm.

Mi primera reacción fue que era un perfume bastante fuerte. La dependienta me dijo: “¿Por qué no te lo pruebas? Los perfumes huelen diferente en cada persona”. Así que eso hice, lo rocié en mi muñeca y lo volví a oler… Mmm.

Le pedí a mi papá su opinión: “No sé, no se parece a ti” me dijo. Yo estaba de acuerdo. El perfume olía bien, pero por alguna razón no sentía que iba conmigo. Esperé que se aireara un poco en mi piel, porque si Marilyn Monroe dormía SÓLO con él puesto, a mí me iba a quedar bien. Pero nada, mi cara lo expresaba todo.

“¿No quieres otro perfume, ma chérie?” preguntó mi padre. De pronto me vi allí, parada en la perfumería; mi padre con cara de sueño, la dependienta esperando mi decisión y yo reflexionando que me acababa de ocurrir una importante lección de vida.

Pero volvamos a Gerardo…

Como suele suceder al principio, todo era un cuento de hadas. Gerardo me llamaba todos los días, salíamos a cenar, nos íbamos todos los fines de semana a la playa y compartíamos bastante. Yo me quedaba en su casa y él en la mía, me hacia la cena mientras bebíamos tragos y conversábamos de temas profundos o triviales; me gustaba debatir con él, hacerlo reír o escucharlo mientras se desahogaba conmigo. Yo me sentía feliz… Hasta que un día todo empezó a decaer. A medida que lo empecé a conocer mejor, me di cuenta que Gerardo era un hombre absorbente e inseguro. Quería que durmiéramos todos los días juntos, si no le respondía las llamadas por cualquier descuido me acusaba de estar con alguien más o de no ser una mujer “seria”. En una ocasión fuimos a la playa con un grupo, y me recriminó estarle coqueteando a su primo solo porque me vio conversando con él en un momento del paseo, era una locura. También comenzó a  desencantarme el hecho de que se la pasaba hablando mal de sus ex novias, donde curiosamente él siempre era la víctima de sus anécdotas. Las cosas continuaron así durante dos semanas hasta que no aguanté más y lo dejé. Al poco tiempo descubrí que era él quien conversaba y salía con otras mujeres a la vez: ladrón juzga por su condición. Me decepcioné bastante, pero no estaba enamorada, así que por primera vez en mucho tiempo, no me costó seguir con mi vida.

La Moraleja: solemos deslumbrarnos por el frasco, por la publicidad y las expectativas… Desde un perfume hasta conocer a alguien nuevo, pasando por ir a un restaurante o comprar un libro. Pero a veces, cuando nos acercamos más a fondo nos damos cuenta que ese algo no va con nosotros; con nuestra personalidad, nuestro mundo o simplemente no es lo que necesitamos o buscamos en ese momento.

Al final, terminé comprando un perfume mucho más económico y no tan atractivo: algo simple que encajaba estupendamente con mi personalidad; una fragancia que me sentaba bien y que me hacía resaltar. Y no me malinterpreten, con esto no quiero decir que Gerardo o el Chanel N°5 sean malos, pero definitivamente no eran para mí. Porque si, a veces lo más llamativo no es necesariamente lo mejor para nosotros.

A los tres meses de haber vivido esa lección, conocí a Andrés. Una persona sencilla e inteligente que encaja perfectamente conmigo. No me deslumbré por su apariencia o por las expectativas, sino por el contenido de su corazón y de su mente…

Actualmente tenemos casi 3 años juntos y sin duda él se ha vuelto mi perfume favorito.

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